Tengo menos miedo a la hoja en blanco cuando se trata de un pedazo de papel. Profanar su pureza con garabatos sin sentido parece más natural que hacerlo frente a la computadora.
Romper el hielo de la escritura presionando teclas es algo que me ha costado trabajo hacer, tal vez por lo impersonal del proceso, o quizá por lo idealizado que tengo el acto de escribir con un teclado: lo que salga de allí debe ser perfecto, acabado, una obra de arte o un discurso académico relevante.
Haciendo memoria todo tiene más sentido. Permíteme explicarlo: cuando tomaba un lápiz y papel era una niña, que si bien fui educada como todos los demás para no salirme de los márgenes, también me rebelaba dibujando tonterías en las últimas páginas de mis cuadernos escolares.
Hasta la adolescencia, un cuaderno era un campo de batalla: de izquierda a derecha las notas eruditas y académicas; de derecha a izquierda formas libres, personajes, sueños plasmados en trazos torpes y honestos.
Cuando preparaba un reporte escolar, la computadora era el medio ideal para ese propósito. Cuando quería dar rienda suelta a la imaginación, un cuaderno era el objeto de elección.
Algunos de mis recientes intentos por viajar en el tiempo y reencontrarme con esa chica que plasmaba sinsentidos en hojas y hojas de papel es este pequeño cuaderno que me regalaron:

Ha sido una gran ayuda para soltarme nuevamente en el tema de la escritura y los dibujitos. Allí tengo algunos ejercicios metanarrativos como éste pero en su equivalente físico: escribir sobre escribir, escribir sobre la hoja en blanco, escribir y dibujar sobre no tener inspiración.
Esta entrada es un ritual de inauguración a un acto que no me he permitido hasta ahora: mostrar mi proceso, mis avances, mis textos malos, buenos y mediocres. Soy una persona que constantemente lucha contra el perfeccionismo. Me gusta controlar lo que muestro sobre mi y mi trabajo creativo, dando a conocer sólo lo que tiene un nivel aceptable de calidad.
Crecí con la idea de que si las cosas no se van a hacer bien, no se hacen. Y bueno… no se hicieron. Hasta ahora.
En este espacio tomo mis experiencias cotidianas y mi proceso creativo y lo transformo en un personaje. Ya no soy una persona de carne y hueso, soy el lienzo donde experimento, donde comparto contigo lo que llevo dentro. Lo que soy cuando me enfrento a la hoja en blanco.



Deja un comentario